Vivimos sumidos en procesos formativos centrados en dotar a los futuros profesionales de una sólida base teórico-práctica, aptos para un mercado laboral que -salvo excepciones- se limita a evaluar hasta qué punto un perfil cubre sus necesidades tecnológicas. De acuerdo. Pero, ¿qué hay de las habilidades personales?

Todo creador termina por descubrir cómo su dotación técnica supone solo una parte de su éxito. Y digo descubrir porque rara vez se nos explica cómo la forma en que concibas y afrontes tu labor determinará tu alcance como profesional. Si bien las capacidades técnicas nos permiten crear, las habilidades y actitudes personales nos permiten crecer.

Te ofrezco apartar por unos minutos tu sed de Javascript, accesibilidad, SEO o interacción, y dedicarlos a sumergirte en las 21 habilidades y actitudes personales que, en mi opinión, todo diseñador que apunte alto debe tener.

¡Allá vamos!

Respecto a ti, como profesional

1 – Sé creativo. Concibe el diseño digital como otra forma de arte que se desarrolla sobre un lienzo dinámico, vivo e interactivo. Desliga el concepto de “creatividad” a la simpleza de “hacer cosas bonitas”, para concebirla como la capacidad de aplicar una imaginación y pensamientos constructivos que dan lugar a nuevos conceptos originales, sorprendentes y resolutivos. Es la diferencia entre un diseñador web y un creativo digital.

2 – Haz lo que te emociona, o al menos hazlo tanto como puedas. Sólo serás especialmente bueno en aquello que te gusta. Identifícalo y transmítelo claramente a tu entorno, céntrate en ello y poténcialo. Orienta tu perfil profesional hacia aquellos procesos que te resultan emocionantes y minimiza las tareas tediosas. La pasión sacará lo mejor de ti.

3 – Crea marca personal. Trabaja sobre los factores que te diferencian de los demás, porque esos son los que conforman tu firma y tu esencia, es decir, tu marca personal. Descúberla, preséntala e imprímela en cada producto.

4 – Comunica visualmente. Trabaja en tu capacidad para plasmar ideas, emociones y carácter a través de tratamientos cromáticos, tipografías, distribuciones espaciales o imágenes. Sensibilízate para dotar a tus trabajos del valorado sentido humano.

5 – Trabaja tus capacidades de sintetización, porque la simplicidad es la respuesta a muchas de las dudas que surgen durante el diseño. Aplica el principio de “menos es más” para componer y redactar, y recuerda que muchos “grandes problemas” que no pueden ser resueltos, se conforman en realidad por pequeños “sub-problemas”. Redáctalos en una lista que te ayude a focalizarlos. Verás cómo esa lista sí es fácilmente solventable.

6 – Innova a través de la experimentación. Sumérgete sin miedo en tantas fases experimentales como puedas, y disfruta del proceso. Encuentra el equilibrio que existe entre la necesaria innovación y la prudencia de saber dónde están los límites y en qué punto la creatividad puede volverse en tu contra.

7 – Sé versátil. Si trabajas con perfiles de clientes diversos necesitas adaptarte a entornos radicalmente diferentes, y hacerlo rápido además. Un día estás metido hasta el cuello en el sector de la moda y al día siguiente puedes estar profundizando en el de los restaurantes. Aprovecha todo el conocimiento que ser todoterreno te ofrece porque esta experiencia multidisicplinar es tremendamente valiosa.

8 – Analiza y detalla. Adopta una actitud que te permita analizar y visualizar un problema desde diferentes ángulos (concepción holística), pensando y sintiendo como lo harían tus usuarios. Sé minucioso y sé detallista, porque a través de los detalles se alcanza la excelencia. Y por rimbombante que suene, es una verdad como un templo.

9 – Descansa. Estar bloqueado frente a una pantalla es perder el tiempo. Nos anula en nuestras capacidades críticas y resolutivas, nos desmotiva y nos sumerge en un círculo francamente agotador. La experiencia me ha demostrado cómo este tipo de problemas se resuelven por sorpresa durante una ducha o un paseo, más que sufriendo frente a una pantalla donde una buena solución nunca terminará de llegar.

10 – Sé humilde, al menos lo justo para que no seas tú mismo quien se cubra de flores. Basta con que nunca dejes marchar a un cliente satisfecho sin que plasme su experiencia de trabajo contigo en unas frases que serán un gran aliado en el futuro.

11 – Sé paciente, porque el talento natural es sólo el 10%. El otro 90% es fruto del trabajo, la constancia y el compromiso. Nadie nace capacitado.

12 – Valora tu trabajo y nunca lo regales. Ahórrate comprobar cómo la parte más amarga de esta gratuidad no reside en la ausencia de retribución, sino en el ínfimo valor que tu trabajo tendrá para alguien que no ha hecho inversión alguna en él.

Respecto a tu cliente

13 – Valora a tu cliente. Rechaza concebirlo como una fuente de solicitudes vagas e ideas ignorantes sobre un entorno digital del que no tiene ni idea. En su lugar, visualízalo como un profesional que conoce a su público mejor de lo que tú lo harías en años. Este es, probablemente, el mejor profesional con el que podrías colaborar.

14 – Revoluciona sus conceptos. Transforma su “quiero una página así bonita, ya sabes, elegante” en una sofisticada idea que funda las características, valores y entorno de tu cliente con tus conocimientos técnicos, plásticos y emocionales. Contágiale la forma en que has evolucionado en su concepto y comprueba cómo, de una solicitud plana y vacía, nace una propuesta sorprendente, estimulante y motivacional para ambos.

15 – No deniegues, reorienta. Cuando debas decir “no” diseña una alternativa que, partiendo de la posición inicial de tu cliente, la reoriente. Esta estrategia, además de suponer una proactividad sensible a su posición, garantiza que la fundamental visión del cliente toma partido incluso en la negación de sus propuestas (y asegúrate de que lo nota).

16 – Irradia confiabilidad. Fideliza a tus clientes potenciales transmitiendo conocimiento, seguridad, control e integridad. Aprovecha toda ocasión para un café, un contacto visual o una charla en la que humanizar una comunicación que es determinante respecto a cómo te percibirá. Creo firmemente en que existe un sexto sentido, el de la intuición, y muchas personas lo tienen. Tanta confianza tengas en ti, tanta confianza transmitirás.

17 – Escúchalo y empatiza. Adopta una actitud atenta y comprensiva porque para entender algunos de los razonamientos de tu cliente deberás reflexionar hasta ponerte en su lugar, con independencia de que puedas estar de acuerdo en ellos. Pregúntalo todo, sin miedo.

Respecto a tu entorno

18 – Ábrete a las ramas que repercuten en tu especialidad. Sé experto en diseño pero conoce principios de campos tan dispares como la psicología cognitiva, el SEO, la accesibilidad o la psicología del color, por mencionar algunos. Potenciarán la eficiencia de tus productos y tu valor como profesional.

19 – Sé curioso. Aprende, inspírate e investiga constantemente para capacitarte en aquello que encuentres desconocido. Te sorprenderá la cercanía de muchas técnicas con tu especialización y la facilidad con la que adentrarte en ellas. Nunca te quedes con la duda de “cómo se hará esto”; Botón derecho -> Inspeccionar. A por ello.

20 – Sé la joya de un equipo. Busca uno donde puedas desarrollar tu pasión, porque la mejor inversión que pueden hacer en ti pasa por garantizar tu motivación. Lidera, motiva y transmite. Escucha a los demás porque ellos son igual de buenos en lo suyo, y cumple de forma estricta tus plazos y objetivos. Analiza los márgenes de riesgo antes de comprometerte ya que, de lo contrario, tu compromiso nunca llegará a tener un alto valor.

21 – Acostúmbrate al cambio. Constante. Frenético. Si quieres ser parte activa en esta era digital, no te queda otra. Vívelo con la intensidad de nuestro tiempo.


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